04 septiembre 2016

En la gloria

Las contraventanas están cerradas y la casa en penumbra. No sé cuánto tiempo habré pasado al cuidado de Reme, la hija de Pascual, el boticario. Sé que me sentí indispuesta e insistió en llevarme a su casa. No recuerdo, pero debieron traerme de vuelta anoche, de lo contrario habrían dejado todo abierto como a mí me gusta tenerlo, con las ventanas de par en par para que se solee y airee la casa. Tampoco está fuera mi silla de enea. Me acomodaré en la bancada de piedra.

No sé qué clase de brebaje me habrá preparado Pascual, pero no siento un solo dolor, desde zagala no me encontraba tan bien. Me siento en la gloria. Ni siquiera me molesta la maldita artrosis que lleva torturándome más de cuarenta años.

Se acerca gente. ¡Ay, Señor, alguna desgracia ha ocurrido! Reme, Pascual, y prácticamente el pueblo entero, pasan cabizbajos por delante sin prestarme atención. Quiero preguntarles quién ocupa el féretro pero, viendo sus caras desencajadas, me contengo. En silencio me uno al cortejo y emprendo junto a ellos el camino hasta el cementerio.

—¡Qué triste verlo todo tan cerrado!
—Hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos —se lamenta Reme entre sollozos.




6 comentarios:

  1. Lo leí el otro día en la web de ENTC, y me encanto, no me dio tiempo ha comentarte. Es un relato precioso que hasta el final mantienes ese secreto de que ella es la propia muerta.
    Muy bueno, felicidades.

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    1. ¡Javier, qué ilusión verte por aquí! Muchas gracias por visitarme y pararte a comentar el relato, eres muy amable. Un beso.

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  2. Así debe ser, sí: el final del dolor, de los problemas y hasta de la propia consciencia. Así debería ser, así esperamos que sea. Tal como nos lo cuentas. Un abrazo, rubita.

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    1. Eso me gusta pensar, que el tránsito entre una y otra vida es suave y placentero. Un beso enorme, María José.

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  3. Me gusta ese modo tan liviano de sentir la muerte de esa mujer, ya no sufría. Ahora nos tienes que contar cual es su reacción al saber que ella es la que va en el féretro.
    Bicos a esgalla.

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  4. Su reacción solo puede ser de felicidad al pasar de una vida a otra sin dolores y sin sobresaltos. Gracias, Maitechu. :*

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