22 septiembre 2014

De antropófagos y tontunas

El caso es que estaba a gusto. Lo que escamaba al Espantapájaros eran las miradas ávidas de aquellas singulares gentes.
Paulino nunca tuvo muchas luces. Con seis años se subió al campanario de la Iglesia de San Saturio para, según su posterior y convulsa explicación, espantar a las cigüeñas. Objetivo que logró gracias al estruendo que provocó su monumental batacazo.
Están los que afirman que fue aquella tontuna la que agravó su ya sobresaliente carencia de luces. Los más pensamos que, gracias a ella, al chico se le colocó algo la mollera permitiéndole, mal que bien, subsistir.
Si todos los tontos tienen suerte, Paulino no iba a ser la excepción. En una de sus interminables jornadas ganduleando en la tasca de Herminio y, apurando para ello al máximo todas sus entendederas, rellenó y selló un boleto de la primitiva que resultó premiado. Huelga decir que le salieron amigos hasta de debajo de las piedras llegados, en su mayoría, de sucursales bancarias de toda la provincia que le urgían a invertir los muchos cuartos ganados.
Pero pasaba el tiempo y Paulino seguía sin sacar un solo billete del apolillado colchón. No fue, hasta pasados cinco años, cuando Braulio le habló de una república en el Amazonas donde vivían tribus cuyas mozas iban desnudas y donde, practicando magia, conseguían atraer la lluvia a placer. A Paulino se le abrieron los ojos de par en par. Días después, vació el colchón, hizo la maleta y se marchó.
Tras una intrincada exploración, consiguió dar con una de aquellas tribus. Sus féminas nadaban despreocupadas en el gran río. Se acercó hacia ellas exultante. Minutos después estaba allí, chapoteando en una especie de gran puchero, con el agua cada vez más calentita y con aquellas buenas gentes alrededor escudriñándole con esa extraña expresión en los ojos.


2 comentarios:

  1. Juerrrrrrr con el pobre Paulino. Me imagino que le vaciaron antes los bolsillos. Porque tengo entendido que la tinta del papel moneda es bastante tóxica, sobre todo para los delicados estómagos de estas bellas gentes acostumbrados a la vida y los alimentos naturales...

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    1. ¡Of course! Estos no se llevan a la boca cualquier cosa.

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