Aborrece la luz.
Acecha bajo la arena donde la oscuridad reinante y el frío inmutable le ofrecen
refugio. Aguarda impasible evitando el contacto directo. Sus presas, con
frecuencia heridas, deambulan desorientadas por los desiertos farragosos que él
domina. Cazador solitario, urde concienzudo su emboscada hasta clavar, perverso,
su aguijón mortífero.
02 septiembre 2016
09 julio 2016
Fin de jornada
Las seis. Puntual, llega el primer autobús de la mañana. Pica
el billete y regala al conductor su última sonrisa. Se desploma sobre el
asiento. Siente que la observan y abotona su blusa. Ya en casa, bajo el cobijo
de las sábanas, sueña que es una mujer como las demás.
26 junio 2016
Descabellada Victoria
—¡Corre! —Soltó sin preámbulos,
casi sin aliento.
Me agarró del brazo y tiró de mí
arrastrándome escaleras abajo hasta detenerse en seco bajo el estrecho
ventanuco que daba al huerto.
—¿Lo ves, Eli? Otra vez está ahí,
te digo que ese monstruo esconde algo —dijo apretando con fuerza mi escuálido
brazo.
Odiaba que Vicki me vapulease a
su antojo. Era cuatro años mayor que yo y desde que llegué al orfanato quiso
adoptarme como su hermana pequeña. Y aunque me cuidaba y protegía, también
hacía conmigo lo que le venía en gana. Las hermanas decían que si todavía
seguía dentro era por su conducta reprobable, que las cosas serían muy
distintas si se amansara y, sobre todo, si dejara de inventarse historias
descabelladas.
El monstruo era el guarda del
orfanato. Un hombre tosco y contrahecho al que Vicki hacía tiempo acristianó
como Quasi. Insistía una y otra vez
que las más pequeñas no eran adoptadas, que tanto él como sor Lorenza, la
directora, aprovechaban el amparo de la noche para llevárselas, asesinarlas, y
sepultar sus cuerpos tras el cobertizo del huerto.
—Claro, por eso la coliflor está
tan asquerosa, porque la abonan con los cuerpos de las niñas que matan—dije
socarronamente liberándome de su sujeción con un brusco movimiento.
Las hermanas me explicaron que
Vicki se inventaba esas historias porque quería llamar la atención. Veía con
frustración cómo las demás niñas eran adoptadas y ella no. Pero la realidad era
que nunca veíamos partir a las que se marchaban. «Es mejor así, las despedidas
crean traumas», afirmaban.
Llegó a escaparse muchas veces,
aunque las hermanas o el guarda pronto daban con ella. Salvo en la última
ocasión, que la trajo de vuelta la policía porque consiguió cruzar el bosque y
llegar hasta la carretera. Ese era el verdadero objetivo de sus fugas, me aclaró,
poder contar a la policía lo que pasaba en el orfanato, y pese a que no la
escucharon con demasiado interés, sí husmearon un rato por la casona e hicieron
algunas preguntas.
—Te puedes reír si quieres, pero
escuché a uno de los policías cuchichear al otro algo sobre una red de tráfico
de órganos de niños.
—Ya, y dime, ¿por qué a nosotras
no nos matan y se quedan con nuestras tripas? —pregunté.
—Porque cuando yo llegué era
demasiado mayor y no les servía. Y porque sabían que si tú desaparecías, yo no
iba a dejar de hacer preguntas.
—¡Vete a la porra! —dije dándole
la espalda para subir de nuevo la escalera.
A la mañana siguiente nos
levantamos con la noticia de que Vicki se había vuelto a escapar. Algo extraño
estaba sucediendo porque ella jamás se iría sin decírmelo antes. Pasaban las
horas y el mutismo sobre su paradero me estaba asfixiando. Sabía que era
absurdo y que me estaba dejando llevar por sus tonterías, pero a la hora de la
siesta me levanté sin hacer ruido y me dirigí directamente hacia las escaleras.
De puntillas, asomada al
ventanuco, observé cómo Quasi merodeaba sudoroso junto al cobertizo portando
una vieja pala en una de sus manos. Mi corazón se desbocó impulsando sangre tan
violentamente que sentí cómo las contracciones golpeaban mis oídos.
—¡A su habitación,
inmediatamente! —La voz de sor Lorenza era neutra pero tajante, y su mirada glacial
atravesándome, demoledora.
Esa noche era la primera vez que Vicki
no dormía a mi lado y me sentía vulnerable. Dormitaba unos minutos y me despertaba
sobresaltada buscando anhelante el bulto de su cuerpo en una cama que siempre
se mostraba vacía.
Sumida en un estado de
duermevela, al límite de abandonar y dejar en suspensión todos mis sentidos,
distingo con espanto dos sombras moverse en la penumbra. Una se detiene y
permanece inmóvil bajo el umbral de la puerta, la otra se desplaza con premura directa
hacia mi cama. La silueta, cada vez más próxima, se va perfilando en mi retina
hasta esbozar una figura colosal y contrahecha que me aborda presionando sobre
mi nariz y boca un pañuelo húmedo y hediondo.
«¡Dios mío, Quasi! Vicki tenía…»17 junio 2016
Principessa
El alba irrumpe por el este.
Gestado en las entrañas sombrías de la noche, el desasosiego se difumina
enredado entre siluetas perfiladas que lo engullen. Animoso, empuja el disco a
medio insertar en el CD. Turandot, de
Puccini, le apasiona. Baja la ventanilla del coche y una ráfaga de aire cálido
revuelve aún más su enmarañado cabello. Todo va sobre ruedas y se siente
eufórico. Por fin, tras muchas vacilaciones e inseguridades, había hecho acopio
del arrojo necesario para encarar sus sentimientos. Ahora ella era toda suya y
viajaba junto a él.
Escucha ruidos y sonríe complacido. Su princesa ha
despertado. Se enciende otro cigarrillo. El olor dulzón a cloroformo perdura en
su mano. Los golpes y gemidos procedentes del maletero arrecian. Algo
contrariado, pero sin mudar el gesto, sube al máximo el volumen de la música.
… ¡All'alba viiiincerò!
¡Vinceròooo! ¡Vinceeeerò!
28 mayo 2016
La mella del olvido
Inerte, evoca un tiempo en el
que lucía cuidados tirabuzones e impolutos encajes. Mañanas inagotables de
juegos, tardes de té y noches cálidas bajo el pequeño, pero férreo, abrazo de
Lucy.
Relegada
entre las sombras del arcón, un permanente abandono acentúa el decrépito en su
mellado armazón de frágil porcelana.
01 mayo 2016
En la distancia
Nadie me preparó para esto. Años
de planificación física, intelectual y emocional. Horas y más horas de estudio
y duro entrenamiento, que ahora no me sirven para nada. Llevo días sin poder
dormir. Angustiado, me asomo a la ventana. ¡Qué hermosa es!
No puedo dejar de mirarla, tan
próxima y distante, tan perfecta y serena. Muchas veces, acomodado en este
mismo rincón, pienso que podría pasar el resto de mi vida sin hacer otra cosa
que contemplarla, aunque, si pudiera, lo haría acompañado de una aromática copa
de coñac y un buen puro habano.
Hoy todo es distinto, hoy me sigue pareciendo condenadamente hermosa, pero ha perdido su hechizo, su influjo, y siento miedo. Tengo un temor atroz ante lo que me espera. La nueva misión para reemplazarme llegará mañana a la estación, y después de meses de vida en paz, no quiero regresar a la Tierra.
Hoy todo es distinto, hoy me sigue pareciendo condenadamente hermosa, pero ha perdido su hechizo, su influjo, y siento miedo. Tengo un temor atroz ante lo que me espera. La nueva misión para reemplazarme llegará mañana a la estación, y después de meses de vida en paz, no quiero regresar a la Tierra.
24 abril 2016
Pies fríos, corazón caliente
Paciente,
espera ver el carruaje del corregidor pasar. ¿Y si hoy le mira? No lo hará.
Nunca lo hace. Pero él sí la verá. Después, embobado, volverá sobre sus pasos esparciendo
con sus pies descalzos los regueros de aguas fétidas de orines que calmarán sus
sabañones. Tal vez mañana… Fantasea.
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