17 junio 2016

Principessa

El alba irrumpe por el este.  Gestado en las entrañas sombrías de la noche, el desasosiego se difumina enredado entre siluetas perfiladas que lo engullen. Animoso, empuja el disco a medio insertar en el CD. Turandot, de Puccini, le apasiona. Baja la ventanilla del coche y una ráfaga de aire cálido revuelve aún más su enmarañado cabello. Todo va sobre ruedas y se siente eufórico. Por fin, tras muchas vacilaciones e inseguridades, había hecho acopio del arrojo necesario para encarar sus sentimientos. Ahora ella era toda suya y viajaba junto a él.

Escucha ruidos y sonríe complacido. Su princesa ha despertado. Se enciende otro cigarrillo. El olor dulzón a cloroformo perdura en su mano. Los golpes y gemidos procedentes del maletero arrecian. Algo contrariado, pero sin mudar el gesto, sube al máximo el volumen de la música.

… ¡All'alba viiiincerò! ¡Vinceròooo! ¡Vinceeeerò!


28 mayo 2016

La mella del olvido

Inerte, evoca un tiempo en el que lucía cuidados tirabuzones e impolutos encajes. Mañanas inagotables de juegos, tardes de té y noches cálidas bajo el pequeño, pero férreo, abrazo de Lucy.
Relegada entre las sombras del arcón, un permanente abandono acentúa el decrépito en su mellado armazón de frágil porcelana.


01 mayo 2016

En la distancia

Nadie me preparó para esto. Años de planificación física, intelectual y emocional. Horas y más horas de estudio y duro entrenamiento, que ahora no me sirven para nada. Llevo días sin poder dormir. Angustiado, me asomo a la ventana. ¡Qué hermosa es!

No puedo dejar de mirarla, tan próxima y distante, tan perfecta y serena. Muchas veces, acomodado en este mismo rincón, pienso que podría pasar el resto de mi vida sin hacer otra cosa que contemplarla, aunque, si pudiera, lo haría acompañado de una aromática copa de coñac y un buen puro habano.

Hoy todo es distinto, hoy me sigue pareciendo condenadamente hermosa, pero ha perdido su hechizo, su influjo, y siento miedo. Tengo un temor atroz ante lo que me espera. La nueva misión para reemplazarme llegará mañana a la estación, y después de meses de vida en paz, no quiero regresar a la Tierra.




24 abril 2016

Pies fríos, corazón caliente

Paciente, espera ver el carruaje del corregidor pasar. ¿Y si hoy le mira? No lo hará. Nunca lo hace. Pero él sí la verá. Después, embobado, volverá sobre sus pasos esparciendo con sus pies descalzos los regueros de aguas fétidas de orines que calmarán sus sabañones. Tal vez mañana… Fantasea.


22 marzo 2016

El tiempo es oro

Llevan horas revolviéndolo todo y el dinero y las joyas de tía Angustias no aparecen. Colchones, armarios, cajones. Tras registrarlos, hacen lotes para repartirlos entre los sobrinos. El carillón del viejo reloj de pie vuelve a tocar los cuartos. Todos odiaron siempre ese armatoste. Hoy mismo lo arrojarían al vertedero.

18 febrero 2016

Certidumbres

Está rígida, frente a él, con los dedos crispados y la piel cerosa. Su cuerpo se descompone, pero su espíritu jamás le dejará vivir en paz. Receloso, busca alguna señal entre los pocos que la velan. Da un respingo cuando, Morgana, la gata de su suegra, salta sobre él bufando.


06 febrero 2016

El juramento

Abandonamos precipitadamente el cementerio nada más enterrar a mamá y sin esperar a recibir las condolencias de los pocos que allí acudieron. Papá me pidió que entrara en el coche y me pusiese cómodo, partíamos a un largo viaje. Me despojé feliz de la americana que tanto me picaba y hasta me desprendí de los zapatos. Tras interminables horas de mutismo y tedio, el coche se detuvo frente a una destartalada casa en ruinas.
Papá dijo que le esperara dentro del coche, ya que no tardaría en volver. Le desobedecí. Entré sigiloso en aquel lugar fantasmal sin ventanas ni techos y con las paredes ennegrecidas de hollín. Escuché voces susurrantes y gemidos lastimeros. Me quedé inmóvil sobre la alfombra de papeles viejos y escombros que tapizaban el suelo y, apoyado en la tiznada pared, intenté descubrir qué significaba todo aquello y qué estábamos haciendo allí.
Fue entonces cuando, pese a hablar entre sollozos, la voz de mi padre sonó rotunda. «Ya está hecho, Isabela, mi amor. Esa maldita mujer nunca más volverá a amenazarme con quemar vivo a nuestro hijo, como hizo contigo en esta casa, si me apartaba de su lado. He cumplido el juramento que te hice. Ahora es toda tuya».

Fotografía: © Arthur Tress